Las sales de Schüssler son sales inorgánicas y por lo tanto son sustancias que los seres vivos no pueden fabricar en sus ciclos vitales dentro de su organismo,básicos para el normal desarrollo de la citología (estudio de la célula). Estudiando su función, la relación entre sus carencias y las consecuencias emocionales tendremos un cuadro completo que nos permita reforzar el terreno celular, bien ante trastornos o bien ante déficits provocados por los efectos secundarios de medicaciones.
En el año 1860 el Doctor Schüssler, un homeópata alemán discípulo de Hahneman, trató de conocer todas las sustancias inorgánicas que estuviesen dentro de los seres vivos, y que de alguna manera formaran parte de los ciclos vitales.
Apoyándose en las teorías de Wilkow, según las cuales, todo organismo vivo que está sano y que en consecuencia está funcionando a todos los niveles de forma correcta, está produciendo todos los líquidos orgánicos que necesita, todas las hormonas, etc. La única razón por la cual podría pasar del estado de salud al de enfermedad, sería porque se produjera un déficit o una carencia de aquellas sustancias que el organismo no pudiera fabricar por sí mismo.
Al ocurrir esto en un punto determinado del organismo, las células de los tejidos donde se produjesen los desajustes no podrían captar los elementos necesarios para su normal funcionamiento biológico, o bien no podrían eliminar a través de la membrana celular todas las toxinas de las sustancias de deshecho y produciendo una intoxicación o una falta de nutrientes. La célula empezaría entonces a funcionar de una manera incorrecta y esto afectaría a su vez a las células de su alrededor.
Es entonces cuando, si este organismo vivo no tiene la energía suficiente para restablecer su equilibrio, se declara la enfermedad.
SUS SOLUCIONES
En origen se buscaban como minerales puros, en forma de sellos o “aguas minerales” o técnicas de spa- balneario, que ayudaban a reforzar el organismo hasta que, a través de experimentos como la calcinación de cuerpos enteros o de órganos por separado, se llegó a la conclusión de cuáles eran los minerales más importantes a aportar en los distintos desajustes, estableciendo en aquella época 12 sales como fundamentales. Si hubiese sido ahora las sales no serían 12 sino que llevarían asociadas las sales menores y los oligoelementos, pero con la metodología y herramienta de la época había que ser más genérico; no debemos olvidar que hablamos de 1860 y los métodos analíticos no le permitían llegar a detectar sustancias que estuvieran en cantidades inferiores a una concentración de una parte por millón (10-6).A día de hoy esas sales se pueden encontrar de forma líquida, en comprimidos (con o sin lactosa, montadas en levaduras etc.) pero en cantidades infinitesimales, concretamente a dosis de 1 parte por millón de excipiente (lo que puede llamarse en homeopatía 6 dh). Así que en un análisis no sirven como dosis ponderal (no existe) pero sí su efectividad como catalizador para poder absorber esas sustancias del resto de los nutrientes que tomamos y de ese modo, al igual que los oligoelementos, poder ir aumentando los minerales sin ingerirlos realmente. Esto es también visible en el litio, un mineral altamente peligroso y tóxico para el organismo y que se tiene que recetar y supervisar estrictamente por un médico. Sin embargo, tomar un vaso de oligoelemento no provoca más efecto que tomar dos mililitros ya que el efecto catalizador es exactamente el mismo y no tiene efectos secundarios.
Las doce sales se relacionan básicamente en las combinaciones del calcio (fluoruro cálcico, fosfato de calcio, sulfato de calcio), fósforo (fosfato cálcico, de hierro, de potasio, de magnesio, sodio) azufre (sulfato de potasio, sodio o calcio) cloro (cloruro de potasio o sodio), el silicio...
Por ejemplo, la sal número 1 se denominó calcárea fluórica, responsable de que tuviesen fortaleza (calcárea) y a la vez elasticidad (flúor) los diferentes tejidos, especialmente los de los tejidos de sostén como huesos, pero también de las venas o el tejido linfático.
La sal 3, el fosfato de hierro se empleaba antiguamente en todo tipo de anemias, pero también en el control de esfínteres como las pérdidas de orina.
La sal número 7, el fosfato de magnesio era por excelencia la reguladora y coordinadora del sistema nervioso, más completa que la vitamina B ya que además ayudaba a controlar el dolor y a formar tejidos por lo que evita espasmos y neuralgias.
El fosfato de potasio o kalium phosphoricum era la responsable por el contrario de mantener el sistema nervioso activo, enérgico, para evitar el cansancio en exámenes o situaciones de exceso cerebral, contrarrestar pensamientos negativos e indiferencia.
Así podríamos seguir con todas las sales pero es importante entender que también hay otros elementos a día de hoy que podemos complementar o usar para ampliar el espectro de necesidades que pueden surgir porque entendemos que los estímulos recibidos son cada vez mayores y por lo tanto la capacidad del cuerpo para gestionarlos es cada vez diferente y más compleja por lo que es importante definir cuál es el desencadenante y cuál el síntoma.Aun así, insistimos como en otras ocasiones, en no forzar a tomar suplementos si relamente no los necesitamos.
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